Ultima actualización, mayo 2026.
Fernando Pequeño Ragone: un activista de la sociedad civil con vocación
de incidir en lo público
Hay personas cuya
trayectoria no cabe en un solo casillero. Fernando Pequeño Ragone, salteño de
nacimiento y peronista por convicción, es una de ellas. Desde los primeros años
de la década del 2000 hasta el presente, ha construido una práctica activista
de singular consistencia: densa en dimensiones temáticas, diversa en
estrategias, y orientada siempre por una brújula ética que lo distingue con
claridad del funcionario de Estado, aun cuando trabaja cotidianamente en su
frontera.
Una cartografía de lo social
Lo que primero
asombra de su recorrido es la amplitud de los campos que ha explorado sin
superficialidad. Pequeño Ragone no ha elegido una sola causa: ha tejido una red
que conecta problemáticas aparentemente distantes pero que reconoce en común
raíz. La violencia familiar y el abuso sexual fueron su punto de entrada, a
comienzos de los 2000, en la Fundación Lapacho. De allí se desplazó hacia la
violencia de género en todas sus expresiones, los derechos sexuales y
reproductivos, la diversidad sexo-afectiva, las masculinidades y el lugar de
los varones en la reproducción de la violencia social.
Simultáneamente, se
internó en el campo de la memoria colectiva y el terrorismo de Estado,
comprometiéndose activamente en los juicios de lesa humanidad en Salta, en
particular el proceso judicial por el asesinato y desaparición del ex
gobernador Dr. Miguel Ragone, figura que da nombre a la asociación que fundó en
2007. A eso se suman investigaciones y proyectos sobre pueblos indígenas y
acceso a la tierra, sobre jóvenes y construcción identitaria, sobre la
educación física como disciplina social, sobre violencia laboral, sobre
laicismo, sobre instituciones de seguridad —policía y servicio penitenciario— y
sus derechos como sujetos ciudadanos.
No es una lista de
temas yuxtapuestos: es una arquitectura coherente orientada por la ampliación
de derechos en contextos de desigualdad. Cada campo abordado revela una
pregunta de fondo sobre el poder, sus mecanismos de reproducción y las
posibilidades de transformación.
Las herramientas: un repertorio metodológico propio
Pequeño Ragone no
es solo un activista de la consigna: es también un productor sistemático de
conocimiento y dispositivos de acción. Su repertorio de herramientas es, en sí
mismo, una apuesta teórico-política.
La investigación
social de base antropológica —con influencias del constructivismo, la teoría
feminista y los estudios queer— ha sido su sostén intelectual desde la
universidad, aunque sus estudios formales quedaron inconclusos tanto en
Arquitectura como en Antropología. Esa formación fragmentada pero voraz se
tradujo en una práctica transdisciplinaria: sus textos académicos y de
divulgación recorren sociología, psicología, antropología del cuerpo, teoría
política y análisis de discurso.
El taller como
dispositivo pedagógico y político es otra de sus marcas. Desde 2003 ha
diseñado, coordinado y dictado talleres en áreas de ciudadanía, memoria,
género, sexualidad, identidad y violencia institucional, tanto en ámbitos
académicos como gubernamentales. El cine político fue también un instrumento:
en 2009 organizó un ciclo sobre memoria y derechos humanos desde el Ministerio
de Justicia. La producción televisiva y gráfica del espacio "Tiempo de
Derechos, Un Mundo Después" (2012-2018) amplió aún más ese horizonte
comunicacional.
A ello se suman los
Amicus Curiae ante la justicia, la capacitación en derechos humanos para
personal policial y penitenciario, la participación activa en el Consejo
Económico Social de la provincia, y más de dos décadas de producción de textos
científicos y de divulgación sobre temas tan variados como el carnaval, el
cabildeo, la prostitución, el travestismo, los cuerpos infantiles de policía o el
peronismo.
Desde la sociedad civil, hacia el Estado: una posición deliberada
Quizá lo más
definitorio de su perfil sea esta tensión productiva que ha sabido sostener sin
ceder a la comodidad de ninguno de los extremos. Pequeño Ragone trabajó en el
Estado en la segunda década aproximadamente entre 2008 y 2017 —coordinando el
Programa de Desarrollo Territorial desde el Ministerio de Gobierno— pero su
identidad política y su centro de gravedad están en la sociedad civil
organizada.
La Asociación
Miguel Ragone, de la que fue presidente entre 2007 y 2014, y retomó años
después; y la Mesa de Derechos Humanos de Salta, de la que es miembro fundador
desde 2019, aunque ocupó una posición vinculada pero externa años más tarde; representan esa opción estratégica: construir
agenda de derechos humanos desde afuera del aparato estatal, con capacidad de
interpelar, acompañar y también cuestionar las políticas públicas. El objetivo
explícito es "trazar estrategias de corto y largo plazo en políticas
públicas de Derechos Humanos, por fuera de la agenda del Estado".
Esta posición no es
ingenuidad ni purismo: es una decisión política consciente. Pequeño Ragone
entiende que el fortalecimiento de los gobiernos populares requiere también una
sociedad civil robusta, crítica y propositiva. Desde su identidad peronista,
asumida sin ambigüedades en Salta —como Congresal Provincial del Partido
Justicialista desde 2013 y otros cargos posteriores hasta su renuncia a la
conducción en 2019 (pero no a la afiliación)—, su apuesta es contribuir al
proyecto colectivo sin subsumirse en él, conservando la autonomía que permite
el pensamiento crítico y la acción sostenida más allá de los ciclos
electorales.
En esa combinación
de compromiso y distancia, de rigor conceptual y militancia concreta, reside lo
más singular de Fernando Pequeño Ragone como figura del activismo salteño
contemporáneo.

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